Bajé las escaleras y caminé con dirección a la cocina a prepararme un café. Cuando pase por la puerta principal escuche el timbre. Abrí la puerta y vi a tres abuelitas cargando una virgencita. Me quedé un poco congelada porque no pensé encontrarme con esta imagen al abrir la puerta. No tengo nada en contra de la religión católica, de hecho, yo estudié en un colegio católico, pero hace tiempo que no voy a misa ni soy una ferviente practicante de esta religión.
Buenas tardes somos las hermanas de la parroquia” El señor de la misericordia”. En esta oportunidad estamos sacando a la Virgen de la Paciencia para que se quede por la casa de algún vecino. La dejamos una noche en cada casa y después pedimos una pequeña colaboración para el comedor de la parroquia donde damos de comer cada día a 20 personas de escasos recursos. Era la primera vez que escuchaba sobre la existencia de una Virgencita de la Paciencia. En eso pensé en las posibilidades que tenía.
- La recibo por una noche en mi casa y luego les doy unos soles que tengo por ahí.
- Les digo que me acaban de dejar un San Martincito, lo que es un poco o bastante falso.
- Me niego totalmente y espero lo que Dios tiene preparado para mí por haber negado a la virgencita.
Vuelvo a mirar las caras de estas ancianitas y mi corazón hace un gesto de ¡ohhhhh! y decido aceptarles a la virgencita. La cara de felicidad de las 3 era enorme. Abrí la reja cargué a la Virgencita, que poco no pesaba y la puse en la consola de la entrada al lado de la escalera donde suelo dejar mis llaves. Estaba hermosamente vestida con un manto guinda de borde dorado y unas estrellas bordadas que combinaban. Tenía en la cabeza una corona con brillos. Estaba protegida por una cúpula de acrílico transparente y tenía una base de madera color caramelo. En ella llevaba una placa dorada con una inscripción que decía:” Virgencita de la Paciencia”. En ese momento me pregunté: ¿Qué habrá venido a enseñarme esta virgencita?
Me quede mirándola fijamente por unos segundos. No soy fanática de las imágenes creo que me equivoque de religión. Yo debí pertenecer al judaísmo donde no veneran a las imágenes y entonces otro sería mi destino.
Bueno estaba declarado que esta noche tenía de roommate a esta virgencita.
Continúe a la cocina por mi café. Luego me bañé y me puse cómoda. Hoy tenía que continuar con el presupuesto para mi campaña de este año que había dejado a medias el día anterior.
Después de estar todo el día concentrada sentada frente a la computadora otra vez me dirigí a la cocina para buscar algo de comer.
En el camino prendí las luces y me doy cuenta que el foco de la entrada se había quemado. Justo donde estaba ubicada la Virgencita, no había luz. Solo caía sobre ella el reflejo de la luz del faro de la calle que entraba por la ventana. No era mucho, pero lo suficiente para que sus ojos y parte de la corona brillaran. Los ojos estaban hechos de vidrio. En ese rincón solo podías ver dos puntitos que brillaban y unos destellos que salían de la corona.
Subí de nuevo para verificar si tenía un foco nuevo para cambiar el que se había quemado, pero no encontré ninguno. Volví a bajar para seguir mi camino a la cocina y siento que algo me mira. Volteo y era la virgencita. Caminaba a la derecha y sentía como su mirada me seguía. Caminaba hacia otro lado y ésta volvía a seguirme. De pronto me sentí como Scooby doo en esos capítulos cuando estaban en la casa embrujada y los ojos del hombre en el retrato empezaban a seguirlo a donde fuera. Subí corriendo de nuevo esta vez a mi cuarto.
No sé cuántas horas habían pasado desde que me dejaron a esta Virgencita y todavía faltaba que pase toda la noche. ¿Qué voy a hacer para poder llegar a la cocina?
El estómago ya me estaba sonando y a diferencia de otras veces donde solía esconder un pedazo de budín de pan o alfajores en mi mesa de noche, esta vez no tenía nada. Una plaga de hormigas me hizo dejar ese hábito.
Aquí no había waze que me salve para encontrar otra ruta que me lleve a la cocina. La ventana de mi cuarto que da a la calle tiene rejas así que tampoco puedo esperar que el vecino que me esta gileando se meta trayéndome algo de comer. Siendo realistas creo que pase mucha parte de mi adolescencia viendo “Dawson Creek”. Así no tuviera rejas nadie entraría por mi ventana y menos a esta edad. Seguro la cadera o alguna hernia no se lo permitiría.
Quizás si prendo la televisión me olvido de que está ahí y bajo moribunda sin pensarlo y llego a la cocina. Prendo la tele y se había quedado justo en el canal de cocina. Busco el control para cambiar de canal ya que estas imágenes no ayudaban mucho a mi hambre y me dice que hay un error del satélite 711. Entro al WhatsApp del operador de cable y me saluda un tal Tigo que me dice que me mostrará el menú y que elija un número. Escojo la opción del menú que dice problemas del satélite y siguiendo los pasos me indica que debo reiniciar el decodificador. En todo este proceso no hablé con ningún ser humano que increíble. Por suerte pude obtener una respuesta e este tema, lo cual no siempre sucede. Después de 10 minutos cargó el decodificador, pero aún siento que no está del todo bien. Logro cambiar y se vuelve a quedar atracado en otro canal. En ese momento veo la imagen y pego un salto y me meto a la cama y me tapo con el cubrecama. La tele se había quedado pegada en el canal religioso y como ya eran casi las 12 estaban haciendo una oración a la Virgencita de la Paciencia. Ahí estaba ella de nuevo esta vez en mi tele de 45 pulgadas. Estuve tentada de bajar para ver si ella seguía en el mueble de la entrada o había saltado a la pantalla. Como verán ya estaba volviéndome un poco loca. Me destapo la cara y volvía a verla. Esta vez me sentía como en la película “Poltergeist”. ¿En que momento me va a tragar la virgencita y me va a meter a la pantalla? Trate de apagar la tele y el control no respondía. Las pilas estaban bajas. Podría ir y apagarlo manualmente, pero en estas teles modernas uno nunca encuentra los botones. Podría levantarme a desenchufarlo. Pero como bajo de mi cama y que no me trague la pantalla. No sabía qué hacer ni a quién llamar. Claro si llamaba a algún amigo me diría, tan manganzona y teniéndole miedo a una virgencita.
Tampoco podía elevar mis plegarias a Dios ni rezarle a mi ángel de la guarda. Claramente eran parientes. ¿Qué les diría en caso que los llamará? Hola Dios, angelito, tu tía, la virgencita de la paciencia me está molestando.
Volteo a mirar a mi mesa de noche y veo un pomo que dice melatonina de 50 mg. En ese momento supe lo que tenía que hacer. Primero: agarrar el pomo de pastillas. Segundo: envolverme en el cubrecama con una mano y con la otra sostener mi almohada. Tercero: correr a mi escritorio para dormir en el sillón. Finalmente lo logré y después de unas deliciosas gomitas ingeridas y mucha hambre, me dormí.
Suena mi alarma y aún me siento media zombi. Camino a la cocina a prepararme un café y suena el timbre. Abrí la puerta y vi a tres abuelitas cargando una virgencita.
Salí corriendo hacia mi cuarto saqué 100 soles de mi billetera y les dije que no se preocuparan por la virgencita que estaba muy linda. Que tomarán esta donación y que sabía que mi vecino estaba un poco mal de salud y que el necesitaba más la presencia de la virgencita que yo.

